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Convivencia con adolescentes en tiempos de pandemia

Si alguien nos dice hace solo unos meses que viviríamos confinados por una pandemia terrible, que nuestras vidas y nuestra forma de vivir se vería amenazada, le habríamos tomado por loco. Pero la realidad se ha vuelto tozuda y nos ha sorprendido más de lo previsto. Cuando un cambio así sobreviene, a todos nos cuesta adaptarnos. Pero cuando convives con adolescentes te das cuenta de que la madurez emocional influye mucho en ello.

Supongo que todos también hemos pasado por una montaña rusa de emociones por la falta de libertad, el miedo a enfermar, la incertidumbre de cuándo acabará todo esto y podremos recuperar la vida normal. Si esto nos ocurre a los adultos, podemos imaginar la olla a presión que puede suponer para la mentalidad de un adolescente. En este tiempo de confinamiento, sobre todo al principio, la tensión en el hogar donde convivimos con un adolescente creció exponencialmente. La negación y problemas de aceptación de la situación llevaban continuamente a discusiones, en las que bajo su punto de vista exagerábamos con las prohibiciones. Y daba igual los argumentos que utilizáramos, incluso aunque en todos los medios de comunicación mostraran la gravedad de la situación.

A la rebeldía propia de su edad y las ganas de independencia se sumó el encierro obligado, por lo que el resultado final fue un «doble confinamiento» en su habitación. Esto nos preocupaba mucho al principio, temíamos que le estuviera afectando psicológicamente, y sobre todo que se alejase más de nosotros. Añadido a esto, en la televisión no paraban en todo momento de mostrar esta situación como una oportunidad de cambio a mejor en nuestras vidas. Entonces se añadía la frustración de ver que no estabas aprovechando para mejorar la convivencia familiar, sino que todo se complicaba por momentos.

En estos meses en los que nos hemos visto obligados a aislarnos, las relaciones sociales han cambiado de escenario. Podemos hacernos una idea de la tormenta mental que supone para un adolescente que necesita relacionarse con sus iguales, porque se identifica más con ellos. En esta edad necesitamos afirmar nuestra identidad, nuestros gustos e intereses, la individualidad frente a otros. Los cambios hormonales de la adolescencia son otro ingrediente del cóctel explosivo que alimenta el conflicto.

¿En qué momento la curva de nuestras emociones empezó a bajar? En el momento en que compartes experiencias con otros padres, que terminan confesando que les está ocurriendo lo mismo con sus hijos. Entonces te das cuenta de que ellos están lidiando una doble batalla, y tú no quieres ser el enemigo en ninguna de ellas. No es fácil, nadie dijo que educar fuera fácil, y tolerar que tu niño ya no es tan niño, va creciendo y alejándose….también es duro aunque necesario.

Desconozco la fórmula que resuelve este problema. Sólo soy una madre que va aprendiendo cada día, a base de ensayos y errores. Intentando mantener la calma, seguir dialogando y buscando puntos de encuentro. Aprendiendo a escuchar y tratando de recordar mi propia adolescencia, para encontrar en ese recuerdo comprensión hacia ellos. La empatía que puede hacer que nuestra relación no se deteriore.

Porque tu adolescente protestón a veces te saca de tus casillas, pero….sigue siendo tu niño.

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